
Es una casa del siglo XIX rehabilitada respetando la arquitectura tradicional de la zona. Domina la sencillez, pero sobre todo es acogedora y cálida. Sus muros centenarios le dan frescura en verano y calor en invierno.
Tiene cuatro habitaciones:
el Almarahúje, la Menta, el Hinojo y la Jara,

todas con baño, calefacción y cama de 1,35 m.
En la planta baja está la zona de uso común: un zaguán, un salón con chimenea como protagonista, una cocina totalmente equipada y un agradable comedor del que cuesta despegarse después del estupendo desayuno.

Piedra, ladrillos antiguos, madera, materiales nobles que dan a la casa un aspecto intemporal y longevo.

La casa puede acoger a 8 personas.
